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Marian Masoliver es una cineasta que ha viajado a Colombia, con Simon Edwards, para documentar el efecto que el Programa de Educación para la Paz (PEP) tiene en los excombatientes, las víctimas y en otros grupos que han sufrido una guerra de cinco décadas que está llegando a su fin. En este blog comparte sus impresiones tras visitar la hostigada población montañosa de Ituango.

Después de viajar siete horas por sinuosas carreteras con espectaculares vistas de las montañas, llegamos a nuestro destino de madrugada.

Ituango está enclavada en las cumbres de la Antioquia, región montañosa del centro de Colombia.

Al llegar, cansados por el viaje, nos da la bienvenida la lluvia y la oscuridad de las calles (la electricidad está menos presente que en otras grandes ciudades).

Al amanecer el pueblo se llena de actividad con vaqueros a caballo y camiones que pasan zumbando transportando todo tipo de mercancías. Los indígenas «jaidukama» deambulan vestidos con sus trajes tradicionales, llenando las calles de un colorido increíble. Nos dicen que se tarda dos días a pie para viajar entre el pueblo y sus granjas. Algunos viajan en los autobuses «chiva» hasta las zonas selváticas donde finaliza la carretera; el resto del camino lo hacen en mula.

Es un poderoso y rico tapiz lleno de vida, de sonidos, de colores y de alegría.

Pasamos cuatro noches en Ituango, y si no hubiera conocido la trágica historia de la zona, no lo habría adivinado ya que los ituanguinos es un pueblo muy amable y generoso. 

Pero, a diferencia de otras partes de Colombia, esta ciudad ha experimentado de cerca las crueldades de la guerra en la que, durante décadas, grupos guerrilleros y paramilitares han hecho uso y abuso de su ubicación estratégica. Ambas fracciones han luchado por el control de la producción de cocaína y el narcotráfico.

Somos un grupo reducido de voluntarios de la Fundación Prem Rawat (TPRF) que ha venido para llevar a cabo el Programa de Educación para la Paz en la escuela, y documentar su efecto en los participantes. Los 10 talleres, basados en las conferencias de Prem Rawat, abordan temas como la esperanza y la paz, y se han ofrecido en un curso intensivo de tres días.

Hemos grabado los testimonios de los participantes y aprendido cosas de sus vidas a medida que transcurría el curso. Lo que revelan de su pasado nos sobrecoge: la terrible realidad que tuvieron que afrontar durante la guerra; sin embargo, su deseo de superar esa traumática época es palpable.

Por fortuna, parece que los talleres les ayudan a sentir esa fuerza interior, y esperamos que les permita avanzar de forma notable.

«Lo que hace Prem Rawat es un acto de altruismo. Me gustaría invitarlo a reunirse con las víctimas y sus autores de los crímenes. Todos necesitamos escuchar su mensaje. No hubo un «enemigo», fueron nuestros propios amigos y familiares los que estaban involucrados en esa guerra», dice un maestro.

Mercedes, una estudiante de 15 años nos comentó: «Ha sido como descubrir mi otro yo. Por primera vez en mi vida he sentido paz y plenitud, algo que he estado buscando durante 12 años».

También me asombra la claridad y la sabiduría de tres chicas de 16 años con la que se expresan en las entrevistas: «La paz está en nuestro interior y para que se manifieste en la comunidad, primero necesitamos sentirla individualmente. Necesitamos el programa para nuestras familias, nuestra comunidad, ya que todos hemos sufrido demasiado».

Tuvimos ocasión de entrevistar a la directora de la escuela quien nos dijo que, en su opinión, el programa puede ser una herramienta valiosa para otros maestros. «No hemos tenido ningún tipo de ayuda para superarlo. Los maestros necesitan ayuda para poder ofrecer una buena enseñanza. Su salud mental y emocional necesita apoyo, –dice–. Para nosotros el PEP es algo maravilloso que nos puede ayudar mucho. Somos expertos en la guerra, pero no sabemos suficiente sobre la paz.

Al despedirnos de las personas que hemos conocido siento su tristeza; tienen sed de paz y nos dicen que quieren seguir aprendiendo de Prem Rawat.

Su deseo de prosperar en circunstancias tan difíciles, de seguir buscando la alegría, incluso tras haber vivido una época tan terrible, me ha impresionado profundamente.

Por fin se están construyendo baluartes de paz. Lo que he vivido y la gente de Ituango me han hecho sentir la humildad.

Nota del editor: La Fundación Prem Rawat no está vinculada con el proceso político de paz o con las negociaciones en Colombia.

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